jueves, 9 de enero de 2020

Carteles I

Investigar la discografía antigua —alguna no tan antigua: 1952— significa andar a tientas, a causa del poco celo demostrado por las compañías a la hora de conservar su patrimonio. Una de las fuentes de información más útiles son los catálogos y suplementos de discos, algunos publicados en forma de carteles para los comercios. Las dificultades no solo radican en los años transcurridos, sino —en ocasiones—, en los pocos ejemplares editados (350 en este caso). La cuota flamenca estaba representada aquí por Pepe Pinto y Melchor de Marchena.



miércoles, 11 de diciembre de 2019

Hoy hace cinco años

El aficionado sabe que el presente musical es la arqueología del mañana: por mucho que parezca que el porvenir nunca llega... más pronto que tarde, llega. Afortunadamente, desde chico tuve las suficientes luces como para sumergirme —por igual— en nuestra historia flamenca y en lo que sucedía a mi alrededor. No voy a hablar de mis actividades en torno a nuestro pasado flamenco: ahí están como resultado los libro-discos que cada año intentan mostrar dignamente la obra musical de nuestros grandes maestros. Por el contrario, me voy a referir a una de las experiencias más satisfactorias en lo que se refiere al flamenco actual.

Hace unos cuantos años conversaba con mi amigo Antonio Reyes —uno de los cantaores principales de la escena de hoy— en torno a una idea que me rondaba la cabeza: lo complementaria que sería la unión de su cante y la guitarra genial de Diego del Morao. En aquel momento ya eran los grandes artistas que son hoy, pero incomprensiblemente, jamás habían trabajado juntos. Sin entrar en honduras, tenía claro que al cante de Antonio, gaditanísimo en esencia, pero con influencias jerezanas y sevillanas, le vendría muy bien el toque vibrante y sorprendente de Diego, tan apegado a la tierra como contemporáneo.

Exactamente el 11 de diciembre, de hace justo cinco años, nos citamos en Jerez. Fuimos a comer a Arturo y pasamos un rato inolvidable. Tras unas cuantas horas, marchamos a la peña Luis de la Pica, el antiguo colegio Carmen Benítez donde estudió —entre otros muchos— mi querido Fernando de la Morena. Y allí sucedió lo que estaba predestinado que pasara: Diego cogió la guitarra que había por allí, la afinó, y comenzaron los dos a comunicarse con su arte, como si se conocieran de toda la vida.

A partir de ahí, vendría lo que todos los aficionados conocen: su primera actuación en el Círculo Flamenco de Madrid, el disco en directo, y la estrecha colaboración entre ambos. Ese día me dio por grabar una mijita con uno de esos molestos móviles...


domingo, 24 de noviembre de 2019

Presentación en Madrid del libro-disco "Tomás Pavón. Colección Carlos Martín Ballester"

El 28 de noviembre de 2019 se presentará en el Círculo Flamenco de Madrid el libro-disco Tomás Pavón. Colección Carlos Martín Ballester. Intervendrán José Manuel Gamboa y el propio Carlos Martín Ballester, y colaborarán el cantaor Perico el Pañero y el guitarrista Juan Antonio Muñoz. La entrada es libre hasta completar aforo.


lunes, 11 de noviembre de 2019

Panaderos de Tomás Bretón

Una de las áreas más sorprendentes dentro del mundo de la fonografía es el de los sellos de autor, los cuales servían para saber cuántos ejemplares se habían vendido, y los consiguientes ingresos por derechos. En el periodo del gramófono eran un tipo de sello que el autor —o algún colaborador— debía firmar o estampillar, para después remitirlo a la compañía con el objeto de adherir uno en la cara del disco donde estuviera impresionada su obra, proceso previo a su salida al mercado. Utilizar un tampón con tinta para estampar la firma era lo más frecuente, dado que andar firmando uno por uno varios cientos de sellos (tantos como discos se pusieran a la venta) era una labor engorrosa. Pero a veces, algunos autores firmaban directamente esos pliegos de sellos cuando eran pocas las unidades a rubricar.

Los dos discos que muestro a continuación se hallan en mi colección y muestran a la perfección lo comentado. El primero es una reedición del sello Gramófono con unos «Panaderos» de Tomás Bretón interpretados por la Banda del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos. Disco bifacial con un fragmento de «La Verbena de la Paloma» por el otro lado. Se puede comprobar que el sello lleva estampada —en tinta negra— la firma del autor:


El segundo disco (un reciente hallazgo que me ha alegrado este lunes), es una primera edición en una placa monofacial Gramophone, en el que sorprendentemente el sello de autor está firmado —de puño y letra— por el propio Tomás Bretón. Tiene su lógica que este primer prensaje, de cortísima tirada, contara con la firma original del autor, y que la siguiente edición empleara una firma impresa.


El lector que haya llegado hasta aquí y tenga curiosidad por saber cómo sonaban estos «Panaderos», puede escucharlos en la página web de la Biblioteca Nacional. Se grabaron en 1912 (no en 1917).

miércoles, 2 de octubre de 2019

Tomás Pavón, Colección Carlos Martín Ballester


En un mes estará en las librerías el libro-disco Tomás Pavón, Colección Carlos Martín Ballester, tercer volumen tras los de Antonio Chacón y Manuel Torres. Contiene 23 cantes —dos de ellos inéditos hasta la fecha— con una magnífica calidad de sonido, fundamentalmente debido al excelente estado de conservación de las placas empleadas. El CD va acompañado de un libro de 336 páginas prologado por José María Velázquez-Gaztelu con abundante material fotográfico, parte de él inédito, en el que se analiza su figura desde cuatro perspectivas:

Carlos Martín Ballester realiza un recorrido biográfico y un estudio de sus tres sesiones discográficas.

Ramón Soler Díaz analiza la obra musical del genio sevillano, sus cantes y estilos, comparándolos con otros modelos.

Norberto Torres Cortés centra su trabajo en los guitarristas que le acompañaron (Niño Ricardo, Manolo de Badajoz y Melchor de Marchena).

José Manuel Gamboa estudia las reediciones de sus registros en vinilo, así como su influjo en artistas posteriores.

El libro + CD tiene un P.V.P. de 40,00 € (IVA incluido), y se puede encargar directamente en www.coleccioncarlosmartinballester.com o encontrar en las principales librerías de España a partir del 4 de noviembre.

domingo, 29 de julio de 2018

Vallejo canta, y Pastora le baila (Murcia, julio de 1933)

El flamenco ha sufrido agresiones despiadadas a lo largo de su historia, como el movimiento antiflamenquista, o el que voy a tratar a continuación (muy someramente que para eso estamos en verano): la brecha entre lo gitano y lo no gitano. Una selección entre buenos y malos absolutamente dañina... ¿no hubiera sido mejor separar el grano de la paja en virtud de la categoría artística en vez de la raza?

Hubo un tiempo en que los artistas se reconocían por la altura artística de cada uno, en el que la personalidad cantaora era la bandera de cada uno. Y por artista no se entendía solo que alguien tuviera una voz bien timbrada, conocimiento, gusto, o habilidad en el escenario, no. Hoy estos valores pueden alcanzar para ser figura, pero en otra época, se necesitaba más, mucho más.

Uno de estos genios, que entonces fueron idolatrados, y a su muerte menospreciados, fue Manuel Vallejo. Sirva una crónica de La Verdad de Murcia, del 7 de julio de 1933, para acallar las -maledicentes- voces de ayer y de hoy. Vallejo canta, y Pastora le baila.